Nos volvemos a desayunar con datos respecto a la intención de voto ante un supuesto anticipo de elecciones generales, que, ¡oh casualidad!, reflejan una clara situación favorable al partido que tuvo la responsabilidad de organizar un gobierno y que no consiguió dada su ineficaz capacidad de negociar. El responsable de dicho estudio en las anteriores elecciones generales, obtuvo un acierto más que aceptable ya que sus previsiones se ajustaron a los resultados definitivos.

Me inquieta la idea de algunos mal intencionados que están construyendo una corriente de opinión orientada a convencer a estos jóvenes e intrépidos líderes de los partidos políticos que pugnan para alcanzar el gobierno del Estado para que se posicionen en contra de cualquier acuerdo de gobierno y lo pongan muy difícil, y así justificar la convocatoria de nuevas elecciones.

Estos líderes comenzaron en estos últimos días una caza de brujas en sus propios partidos para quintarse de encima a todo aquel que tuviera la osadía de discrepar o llevar la contraria a sus jefes. Esta es la premisa que siempre prevaleció en la casposa casta de los viejos políticos y que, aun siendo vieja política trasnochada, con más vigencia que nunca, lo usó el PSOE (ese que, recuerden, hace mucho tiempo que perdió la S y la O). Ya saben aquello de que “el que se mueve no sale en la foto”, con Alfonso Guerra como presunto autor.

La mayoría de la población está ajena a toda ésta patraña. La ciudadanía, inmersa en sus preocupaciones, intenta encontrar salida a todo lo que le angustia: trabajo, salud, comer cada día, cómo llegar a final de mes, dónde vivir si no puede pagar un alquiler, averiguar cómo  enfrentarse a su realidad si por el camino han quedado atrás la ilusión, la esperanza, las fuerzas, la dignidad, los sueños y un sin fin de sentimientos que le hunden en su compleja existencia.

Los políticos seguramente seguirán haciendo de las suyas, sin importarles un pito qué le pasa al pueblo. Al menos así lo demuestran sus hechos, con luchas titánicas por demostrar lo poderosos que son dentro y fuera de sus propios partidarios, mostrando un desprecio absoluto a la razón de ser de la política y los políticos en un estado de derecho, que es la vocación y el servicio a la ciudadanía.

La democracia no consiste sólo en ir a votar cada vez que nos convoquen a las urnas. Tampoco se limita sólo al derecho al pataleo. No. Es mucho más que todo eso. Es el despertar de la conciencia y la sensación de ser partícipes del devenir de los acontecimientos, que todo lo que ocurre en nuestro alrededor es consecuencia de nuestro compromiso, implicación y corresponsabilidad. Claro está que no podemos confiar en los partidos políticos que dicen querer representarnos. Tenemos que crear nuestro propio músculo político participando en movimientos sociales, en nuestras asociaciones vecinales, en las AMPAS, en movimientos feministas y un largo etc. de actividades que nos permitan compartir inquietudes, ilusiones, sueños y así enfrentarnos a los retos desde la unidad de acción, con una visión común de los hechos, empujando en el mismo sentido y a la vez construir un pensamiento crítico común.

Los políticos tendrían que tener un momento de lucidez y dejar de mentir contando milongas  que no las cree nadie, poniéndose a trabajar para darle solución a la indignidad que sufre una gran mayoría de la población que vive en riesgo de exclusión social. Sin embargo, se han olvidado de la razón de ser de su papel en un estado democrático. Se les ha ido la pinza.

Si convocan nuevas elecciones, salgamos a votar con más ganas, porque el poder está en el pueblo, no apoyemos a estos inútiles.