Juan Rivera Reyes
Profesor de Historia y miembro del Colectivo Prometeo

Cuando el miércoles 19, el vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias, habló por primera vez -pública y oficialmente- en esta crisis (de forma casual o premeditada hasta ese instante había invisibilidad de los y las representantes de Unidas Podemos en los medios de difusión) su intervención no dio para un asalto a los cielos, pero sí para un esbozo de “New Deal”.

Intento explicarme. Entre los puntos reseñables de su discurso resaltaron ideas- fuerza tipo: “La crisis no es sanitaria, también económica y social”, “Lo Público no se pone de perfil”, “El Gobierno tiene que responder a la necesidad de cualquier persona en vulnerabilidad” o “Sólo desde el Estado y del sector público se puede dar una respuesta que dé seguridad a la gente”. Con ellas no está rescatando las “Tesis de Abril” de Lenin para encarrilar la revolución hacia la conquista del poder por parte de los soviets de campesinos, obreros y soldados, sino apelando, como hizo en 1932 el entonces gobernador del estado de Nueva York, Franklin D. Roosevelt, al “Hombre Olvidado” (“Forgotten Man”)1.

El 7 de abril de ese año, mientras se acrecienta la penuria provocada por el “crack del 29”, habla en una radio de Albany (N.Y) prometiendo solucionar la crisis “de abajo a arriba, no de arriba a abajo”. En ese momento aún no es el candidato del Partido Demócrata a la presidencia de los EE.UU. Pues lo nominarían el 2 de Julio, Convención de Chicago.

Pero a partir de esa alocución encontramos a un político consciente de la extrema gravedad de la penuria social que azota el país estandarte del Capitalismo, convencido además que la única forma de revertirla es primando lo colectivo frente a lo individual, es decir, impugnando las certezas repetidas machaconamente hasta entonces por el Poder económico y sus papagayos de que no hay más Dios que el Mercado y que los ricos son sus profetas. ¿Nos suena?

Y por ello, aunque el editor Walter Lippan lo definiese como “un hombre agradable quien, sin ninguna aptitud para el cargo, quiere ser presidente”, el político demócrata sí tiene trazada una hoja de ruta. No hay -vale para 1929 en USA y 2020 en España- nada más deprimente (y contraproducente) que ejercer el poder como pollo sin cabeza, sin rumbo fijo ni ideas claras.

Eso le lleva poner sobre la mesa -no olvides el contexto histórico, estamos en Estados Unidos de los años 30-, la siguiente promesa: “Os prometo y me prometo un New Deal (literalmente “Nuevo Trato”) para el pueblo americano…” (Chicago julio 32) que se sustentará en planificar y redistribuir la renta nacional (Atlanta mayo 32), ayudas para la agricultura (Kansas, septiembre 1932), intervención gubernamental de los servicios públicos (Oregón, septiembre 1932), repudio del modelo liberal basado en la defensa de las iniciativas individuales que pretende limitar la intervención estatales la vida económica del país (California, septiembre 1932 ante un auditorio de hombres de negocios), justicia social (Míchigan, octubre 1932),intervención estatal en el sector económico (Pennsylvania, octubre 1932)… Así hasta ganar las elecciones de noviembre triunfando en 42 estados y con una diferencia de 7 millones con una participación de 40 millones de electores.

Es decir, cuando los poderes fácticos cacareaban que, llegase quien llegase a la presidencia del principal bastión del Capitalismo , nada se iba alterar, un político que, por procedencia familiar y status, siempre estuvo dentro de los estrechos márgenes del sistema, se atrevió a romper las costuras del mismo, al hacer una lectura sincera de la realidad imperante ( un ejemplo: entre el 29 y el 32 quebraron 4.305 bancos y en algunos estados del sur llegó a utilizarse la moneda mexicana mientras que en otros del norte se hizo lo mismo con la canadiense, lo que demuestra la absoluta debilidad y falta de fiabilidad de la economía estadounidense) .

Y al asumir la presidencia iniciará una tormenta de cambios legales con el apoyo del Congreso y medidas concretas que van de la reforestación al programa de obras públicas pasando por los préstamos a los caseros que no cobran al estar los inquilinos en paro hasta el fortalecimiento de los sindicatos… Todo con la oposición de los que apoyaron al “presidente del hambre” Herbert C. Hoover y su lema “¿Por qué cambiar?”, la derecha adinerada agrupada en la “Liberty League” de Albert Smith y la trinchera de un Tribunal Supremo dispuesto a gritar “ ¡No!” y vetar cualquier intento de reforma utilizando, en lugar del zapato de Kruschev la maza de una justicia que solo se tapa el ojo izquierdo. ¿Nos vuelve a sonar la Alianza de partidos de la Derecha extrema/ Extrema Derecha que vociferan, poderes económicos que señalan y jueces conservadores que interpretan la norma en un solo sentido?

Pese a ello es capaz de poner la guinda con la aprobación del pilar fundamental de su programa una ley de Seguridad Social que pretende dar seguridad a sus conciudadanos “desde la cuna a la tumba”.

Demos un salto de 90 años y miremos la situación de España, marzo 2020. Una cuestión previa: centrar el foco del análisis en Roosevelt no significa tenerlo como referente ideológico ( en ese podio ya están Marx, Lenin, Trotsky, Che… ) sino poner sobre la mesa la obviedad de que en situaciones extremas como las de ahora el gobernante debe desechar los dogmas que se han demostrado inútiles cuando el problema acucia y es verdadero– la privatización como símbolo de eficacia, la desaparición del Estado como garante de equidad social, fiar todo nuestro futuro a la “ bondad” del mercado…- y apostar por lo Público y colectivo.

Con dos premisas fundamentales. La primera: no tratar nunca a la Ciudadanía como si fuese menor de edad y con la mayor precisión y claridad decir la verdad por mucho que duela. No hacer brindis al sol ni prometer lo que no se puede cumplir y superar la parálisis que el miedo cerval provoca.

La segunda: no olvidar que la vigente Constitución del 78 de la que algunos “conversos” (los franquistas de Vox y los ultras del PP ni la quieren ahora, ni la quisieron ni apoyaron cuando se aprobó) solo piden cumplir artículos muy concretos -artículos 1, 2, 135 y 155- que apuntalan su visión ideológica lleva en su seno otros que permiten una actuación social que rescate al “hombre olvidado”.

Me refiero en especial al 128: “Toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general. Se reconoce la iniciativa pública en la actividad económica”.

Es decir, frente a la tesitura de los años 30 estadounidenses donde había que construir herramientas legales, aquí ya las tenemos y nadie duda que hoy se requiere cirugía y operación, no tiritas, para superar la crisis del Coronavirus.

Porque ya tuvimos la experiencia de 2008, cuando la juerga del batacazo económico generado por la irresponsabilidad y el ansia acumulativa de las grandes corporaciones multinacionales terminó siendo pagado por nuestros bolsillos.

Y conocemos la falsa compunción de los responsables del desastre quienes con lágrimas de cocodrilo anunciaron un “capitalismo de rostro humano”. Lo olvidaron al segundo siguiente de pasar el susto.

Y aunque nos resulte enternecedor ver a neoliberales tipo Macron defender el Estado o a los mismos peperos que intentaron cargarse a conciencia la Sanidad Pública salir al balcón a las ocho de la tarde para aplaudir a profesionales que denuestan, ya sabemos que sus promesas pesan poco y se las lleva el viento.

Sin olvidar el “síndrome del escorpión” que afecta a nuestro conservadurismo. Aunque surquen un lago profundo a lomos de la rana de Izquierdas, picarán pese a que les cueste la vida. Solo hace falta ver como cuestionan y critican a un vicepresidente segundo del gobierno (sí, voxiferante amigo, por mucho que joda, ese es su cargo) y responsable de los Derechos Sociales por… ocuparse de garantizar que -en el país de la picaresca- los de siempre no aprovechen la coyuntura para cargarse del todo los ya exiguos derechos sociales.

Es momento de las posiciones claras, aprovechando que muchos compatriotas se han caído del caballo y tiemblan pensando en lo que hubiesen valido sus vidas si los “Publicocidas” del PP y sus aliados de Ciudadanos y Vox hubieran completado la agenda de exterminar el sector público para que los “emprendedores” patrios pudiesen hacer negocio seguro.

Anteayer, la intervención del representante de Unidas Podemos tuvo la virtud de visibilizar al hombre y mujer olvidados. Coincidimos en que no fue ninguna toma de palacio. Pero si marcó una tendencia distinta con respecto a la crisis de hace 12 años: hablar de medidas para la ciudadanía de a pie, no para los poderosos.

Ahora toca seguir la senda. Sin escuchar los abucheos del “patrioterismo” (que no patriota) español. Por muchas medidas que se tomen en beneficio de la mayoría, es forofo del topicazo, modificado en su beneficio, atribuido a los catalanes que tanto denostan: “Vuestra pela es mi pela”.

Ni caso.

(1) Sagredo Santos, A: “El abandono del modelo liberal durante el New Deal Rooseveltiano” Historia 396.Nº 2,2013.

 

Fuente: Colectivo Prometeo