Nuestro sistema agroalimentario es absolutamente perverso y permite una brutal crueldad hacia los animales y con un impacto medioambiental que está hipotecando los recursos naturales futuros.

Un cambio del sistema pasa por un cambio en los hábitos de consumo, apostando por los productos procedentes de agro-ganadería campesina y ecológica que, paradójicamente, resulta mucho más rentable.

En su visita a Paradigma Radio el pasado 2 de enero, Guillermo Contreras nos destacaba una noticia reciente; Francia prohibirá, para finales de 2021 triturar pollitos vivos en las granjas industriales. Esto no debería ser noticia, ni la castración de lechones sin anestesia. Qué barbaridades estamos haciendo los seres humanos con los animales! A los pollos recién nacidos se les detecta el sexo, y a los que son machos, como no van a poner huevos, se les tritura vivos, simplemente por que les sale más rentable. Sólo en Francia se trituran vivos 50 millones de pollitos al año. En Alemania y Suiza ya se prohíbe, en España no se habla de este tema todavía.

Este sistema agro-alimentario que tenemos absoluta perverso y cruel es un síntoma de la tremenda decadencia moral de nuestra cultura industrializada. Las culturas indígenas, las culturas campesinas, no tienen este desprecio a la vida tan brutal como sí tenemos en las culturas industrializadas, donde se justifica la crueldad para conseguir un cierto bienestar en el ser humano. Eso es una patología que tiene este sistema. La decadencia moral viene asociada a la decadencia en general de todo tipo de imperios. Así por ejemplo, remontándonos en la historia, las últimas decenas de años del imperio romano fueron de una decadencia moral brutal, con tremendas crueldades como el circo romano donde las multitudes se congregaban para ver cómo unas fieras devoraban a seres humanos vivos. No hay mucha diferencia con el tema de los pollitos.

En toda la cadena agroalimentaria industrializada pasan cosas parecidas con todos los animales que están expuestos en los mostradores de nuestros mercados; un maltrato brutal para conseguir bajos precios. Sin estas barbaridades no les darían la rentabilidad que pretenden a sus inversores, y con ello se justifica la crueldad en el trato a los animales.

Paradójicamente, es posible alimentarse de otra manera, incluso nos saldría más económico, porque la agro-ganadería campesina y ecológica, con productos de temporada y con productos que se venden en un circuito corto, ha demostrado ser más rentable que la industrializada. Es más rentable en términos absolutos, pero su rentabilidad aumenta exponencialmente teniendo en cuenta además los costes derivados de la industrializada, como la intensa contaminación de los acuíferos, la esterilización de suelos y las grandes emisiones de gases de efecto invernadero como el dióxidos de nitrógeno y el metano, un impacto que hipoteca la riqueza de varias generaciones. En Australia estaban haciendo estudios para cambiar la dieta de su ganado vacuno principalmente para intentar reducir el impacto ecológico de las granjas industriales. Una vaca emite hasta 400 litros de metano diarios, y el metano es un gas con un efecto invernadero mucho más potente que el CO2.

Hay que plantearse un sistema agroalimentario diferente, donde no se pase por las grandes cadenas de distribución, por las grandes multinacionales, donde la carne no esté presente como está presente ahora, sobre todo la carne de vacuno que es la gran emisora, donde los productos no multipliquen su precio. La COAC, la coordinadora de organizaciones agrarias y campesinas edita todos los meses un informe sobre el incremento de los precios desde la huerta al plato. El resultado de los últimos informes advierten de que el precio aumenta 6 veces desde la huerta del agricultor hasta nuestra mesa, y en algunos casos llega a aumentar hasta10 veces su precio.

La agricultura y ganadería tradicionales son riqueza, son cultura. La relación que se debe establecer entre el productor y el consumidor ha de ser una relación estrecha, no está bien que comamos cosas que no sabemos de dónde han venido, quién las ha producido, con qué dificultades de ha encontrado. Hay muchas iniciativas de compra en cestas, en las cuales los compradores son solidarios con el productor, y si el productor tiene algún problema, alguna plaga por ejemplo, se asume colectivamente. Así debería ser. Un cambio del sistema pasa por un cambio en los hábitos de consumo: Convierte tu carro de compra en un carro de combate. Si dejáramos de comprar en las grandes superficies mañana habríamos liquidado al capitalismo y estaríamos encarrilándonos hacia un nuevo sistema económico.

Las grandes superficies se han cargado el comercio local, en los últimos 30 años ha habido una desaparición paulatina pero brutal del comercio local utilizando la estrategia de Walmart , el buque insignia de la distribución en el mundo, una empresa norteamericana que trabaja con precios bajísimos, que se cepilla al comercio local, y, cuando lo ha conseguido, entonces sube los precios. Todo esto también a costa de unos salarios misérrimos para sus trabajadoras y trabajadores. Tiene que haber una estrategia de apoyo al comercio local y al comercio de temporada, porque si hoy dejáramos de comprar en las grandes superficies, el comercio local no podría abastecer a 320.000 habitantes de Córdoba, hacen falta centenares de tiendas más. Es un proceso que requiere su tiempo de implantación apostando por el comercio local y permitiendo que este tipo de comercios arraiguen y lleguen a ser la mayoría. Y las personas tenemos que empeñarnos en ir cambiando la dieta y apostar también por este tipo de alimentos.